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¡Shalom!


Ánimo, no decaiga, su sequía pasará y vendrán tiempos mejores llenos de bendición.

“Acab subió a comer y a beber. Y Elías subió a la cumbre del Carmelo, y postrándose en tierra, puso su rostro entre las rodillas. Y dijo a su criado: Sube ahora, y mira hacia el mar. Y él subió, y miró, y dijo: No hay nada. Y él le volvió a decir: Vuelve siete veces. A la séptima vez dijo: Yo veo una pequeña nube como la palma de la mano de un hombre, que sube del mar. Y él dijo: Ve, y di a Acab: Unce tu carro y desciende, para que la lluvia no te ataje.” 1 Reyes 18:42-44 RVR1960

Hacía tres años que no llovía en Israel, la nación entera estaba viviendo un momento crítico a causa de esta sequía. Pero esta sequía no era obra de la naturaleza en sí misma, era el resultado de un pueblo que le había dado la espalda a Dios yéndose tras dioses falsos y lo triste era que Acab, el rey de Israel, propiciaba y permitía todo esto. Llegó el momento que Dios usó al profeta para que orara y viniera la lluvia después de tres años y medio  y así fue. Por sequía podemos entender cuando las cosas no resultan a nuestro favor, cuando el emprendimiento no rinde, cuando el matrimonio es un desastre, cuando un hijo va por un mal camino, cuando escasean las finanzas, cuando la salud se ha deteriorado. Las sequías van a venir, son parte del ciclo de la vida, no podemos evitarlas pero sí manejarlas, ¿cómo? orando, accionando y teniendo fe en Nuestro Dios todopoderoso. ¿Es fácil esto? no, no lo es; sin embargo podemos confiar que a su debido tiempo nos enviará lluvia para disipar nuestra sequía. Ánimo, no decaiga, su sequía pasará, ¿no lo oye? un ruido de tormenta se escucha en el horizonte. 
 

Con aprecio y amor.  
Hernando y Mary Aparicio