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“Dios es nuestro amparo y nuestra fortaleza, nuestra ayuda segura en momentos de angustia. Por eso, no temeremos aunque se desmorone la tierra y las montañas se hundan en el fondo del mar; aunque rujan y se encrespen sus aguas, y ante su furia retiemblen los montes” Salmos 46:1-3 NVI
Estas palabras son expresadas del verdadero pensamiento y corazón del salmista angustiado. Con seguridad estas palabras pueden ser valoradas por cada uno de nosotros cuando estamos en medio de la adversidad. David nos muestra que Dios es el ÚNICO Y VERDADERO AMPARO al que debemos acudir en nuestros problemas y no es una posibilidad de tantas más que podemos probar. Dios puede darnos respuesta con el poder de Su palabra trayendo paz y seguridad a nuestra alma, también puede usar a otras personas para que nos ayuden de alguna manera. Hay infinitas formas en las que Dios puede operar para socorrernos. Llega un momento en la vida del hombre cuando se encuentra cercado por espinos que nada puede hacer. ¿Qué puede hacer el hombre con toda su sabiduría, su avance tecnológico y muchos recursos económicos cuando aparecen los vientos contrarios? Absolutamente nada, y esto tendrá que llevarlo a reconocer que Dios es Todopoderoso y que solamente Él tiene el control de su creación. La única forma de enfrentar los momentos difíciles de la vida es acudiendo a quien verdaderamente tiene poder para detener todo mal, abrir nuevos caminos, traer calma en medio de la tormenta, consuelo en medio del dolor y esperanza en medio de la incertidumbre. ¡Recuerda que nuestro amparo, seguridad y fortaleza solamente está en aquél que tiene todo los méritos: Jesús, Nuestro Salvador y Señor!
Con aprecio y amor.
Hernando y Mary Aparicio