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¡Shalom!


Cuando te enfrentes a lo que no puedes resolver, a lo desconocido, a lo incomprensible y a lo inexplicable, deposítalo en las manos de Dios, Él sabe lo que hace. 

“Reconozco tu gran poder; nadie puede impedirte llevar a cabo tus planes. Tú preguntas quién soy yo, que siendo un ignorante he puesto en duda tu sabiduría. Reconozco que he dicho cosas que no alcanzo a comprender, cosas que son maravillosas y que en realidad no conozco.” Job 42:2-3 TLA

Uno de los más grandes obstáculos que afrontan las personas es creer que se merecen una explicación por todo lo que Dios permite en sus vidas, sobre todo cuando pasan momentos muy críticos que tienden a derrotarlos. Dios no tiene ninguna obligación de explicarnos lo que hace a ninguno de nosotros. Nadie ha sido probado tan severamente como Job, y aunque éste recurrió repetidamente a Dios en busca de una explicación, nunca supo por qué fue probado. Dios nunca le reveló a Job la razón de sus pruebas, aunque Job vio a Dios como es Él y reconoció su propio atrevimiento y se arrepintió “en polvo y ceniza”.  Job se alegró al permitirle a Dios ser Dios, lo cual significa aceptar el hecho de que hay algunas cosas que sólo Dios puede explicar, y que Él quizás no decida hacerlo. La enseñanza de todo esto es que debemos conocer nuestros límites y aprender a confiar en que Dios sabe el porqué de las cosas, y que detrás de cada momento difícil hay algo bueno que Dios está trayendo, aunque por el momento no lo entendamos. Confiemos y descansemos en su bondad y misericordia. De modo que cuando se enfrente a lo que no se puede resolver, a lo desconocido, a lo incomprensible y a lo inexplicable, deposítelo en las manos del Dios de lo imposible, Él sabe lo que hace. 
 

Con aprecio y amor.  
Hernando y Mary Aparicio