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Y no sólo en esto, sino también en nuestros sufrimientos, porque sabemos que el sufrimiento produce perseverancia; la perseverancia, entereza de carácter; la entereza de carácter, esperanza. Y esta esperanza no nos defrauda, porque Dios ha derramado su amor en nuestro corazón por el Espíritu Santo que nos ha dado. Romanos 5:3-5 NVI.
En este tiempo de tanta movilización y cambio de las cosas en todas las áreas de la humanidad, es muy difícil mantenerse en lo que hemos comenzado. ¿Te has dado cuenta que comenzar algo nos cuesta trabajo, pero es más difícil avanzar en lo que hemos comenzado? Estas palabras del apóstol Pablo a los creyentes en Roma no las escribió desde un prestigioso y famoso púlpito, sino desde una deprimente prisión. Si alguien tiene toda la autoridad de hablar de perseverancia es el apóstol Pablo. Experimentado en todo tipo de tribulación, supo acudir a la Fuente inagotable de poder y fortaleza, Jesús Nuestro Salvador, quien lo sostuvo en sus días más difíciles. Note que la serenidad y fortaleza de su carácter no es el resultado de la fama, privilegios o beneficios, sino el fruto de la perseverancia. Sin esto se rendiría y fracasaría en el proceso. Entre el principio y el fin de un proceso se encuentra la perseverancia. No desmayes, persevera, porque solamente así podrás experimentar todo lo bueno que Dios preparó para ti. No cortes tu bendición tirando la toalla.
Con aprecio y amor.
Hernando y Mary Aparicio