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“Mientras él aún hablaba, vinieron de casa del principal de la sinagoga, diciendo: Tu hija ha muerto; ¿para qué molestas más al Maestro? Pero Jesús, luego que oyó lo que se decía, dijo al principal de la sinagoga: No temas, cree solamente.” Marcos 5:35-36
Jairo, un centurión romano, tenía su hija que estaba agonizando, a punto de morir, y él viene a Jesús para pedirle por su hija. La insistencia de Jairo muestra la urgencia de su necesidad y la angustia que sentía por su hija. Sin embargo, cuando el Señor va camino a su casa se detiene porque una mujer que padecía flujo de sangre se acercó y tocó el manto de Jesús y fue sanada. Este hecho detuvo a Jesús para saber quién lo había tocado. Fácilmente Jairo pudo haber pensado que su petición era más importante y más urgente que la de la mujer. ¿No podía el Señor terminar de llegar a la casa, sanar a su hija y después conversar con la mujer sobre su sanidad? A esto se añaden las palabras de desaliento de aquellos que vinieron con las malas noticias de la muerte de su hija: ¿para qué molestas más al Maestro? Para este momento cualquier esperanza en el corazón de Jairo se habría desvanecido. ¿Recibiste una mala noticia que ha traído temor, desánimo y desesperanza a tu vida? ¿Por qué no permites que las palabras de Jesús cobren vida en ti cuando dice: ¡NO TEMAS, CREE SOLAMENTE!
Con aprecio y amor.
Hernando y Mary Aparicio