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"Yo sé que mi Redentor Vive, y al fin se levantará sobre el polvo y después de deshecha esta mi piel, en mi carne he de ver a Dios. Al cual veré por mi mismo, y mis ojos lo verán y no otro, aunque mi corazón desfallece dentro de mí"
“Yo sé que mi redentor vive”, Qué difícil, muy difícil pronunciar estas palabras en medio del dolor y la tristeza extrema. En un solo día Job perdió a sus hijos, criados, ganado, sus posesiones, fue atacado por una sarna maligna en su cuerpo. Y como si esto fuera poco, fue humillado por sus amigos, y, lo que, es más, su propia esposa lejos de ser un apoyo en medio de su dolor, ella lo instigaba a maldecir a Dios. Frente a lo que estaba viviendo Job, ¿Quién puede encontrar una respuesta racional en un momento así? ¿Quién puede encontrar consuelo en medio de tanto dolor? ¿Cómo se podría entender el amor, la bondad, y la justicia de Dios ante tanta adversidad? El mismo Job nos da la respuesta, él estaba convencido que Su Dios, nuestro Padre Celestial, sí podía sacarlo de su angustiante condición, él sabía que Dios era real y presente, en quién podía depositar su fe y esperanza en medio de su aflicción. La fe de Job no fue defraudada, porque fue Dios quien sanó su cuerpo, le quitó toda angustia y dolor y al final del proceso, Dios le dio el doble de lo que perdió. Puede que te encuentres atravesando la noche más oscura de tu vida, la experiencia vivida por Job debe desafiarte a creerle y a poner toda tu confianza en Dios a tal punto que puedas decir “soy libre, soy sano, soy próspero, porque sé que mi Redentor vive”.
Con aprecio y amor.
Hernando y Mary Aparicio