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“No se engañen, de Dios nadie se burla. Cada uno cosecha lo que siembra” Gálatas 6:7 NVI
Los agricultores saben que el resultado de su siembra y esfuerzo les traerá bendiciones materiales, tendrán frutos para alimentarse y venderlos para su beneficio. Este mismo principio también se aplica en nuestra vida diaria. Dios nos dice que todo lo que sembremos vamos a cosechar. Muchas de las cosas que suceden en nuestra vida son cosechas que estamos recogiendo de siembras que hicimos en el pasado. Buenas o malas ya sea en el trabajo, en la salud, en la familia o en el matrimonio. Es decir quien da, recibe. Si quieres prosperar, debes ser generoso; si quieres amor, debes amar; si quieres que te traten bien, debes tratar bien a los demás empezando por los de tu casa. La naturaleza funciona así, quien siembra, cosecha y nuestra vida también está sujeta a esta ley. Tú jamás recibirás lo que no das, dicho de otra manera, jamás cosecharás lo que no sembraste. Es una ley que Dios ha establecido y nadie la puede alterar. Sembrar en los placeres banales de la vida es cosechar insatisfacción, destrucción y muerte eterna, pero si tú inviertes tiempo en Su Palabra y en buscar su presencia mediante la oración, entonces estás sembrando en tu vida espiritual y cosecharás paz, gozo, compasión, misericordia, amor y salvación eterna. Si hay cosas que no te están ayudando en tu vida diaria, entonces analiza y cambia lo que siembras para que tengas una cosecha diferente.
Con aprecio y amor.
Hernando y Mary Aparicio